"Éramos como una canción vieja que te gusta y vuelves a reproducirla cuando ya te habías olvidado de ella"

Historias

sábado, 7 de abril de 2012

2#Para siempre



¿Quién era esa? ¿Qué mierda hacia espiándonos? No sabía de quien era cada voz, lo único que sabía era es que me estaban persiguiendo y me querían tan muerta como al chico que había el suelo desangrándose. La idea de que era unos asesinos, violadores o pederastas, se fue formando en mi cabeza. Cerré los ojos y  me pegue mas contra el árbol hasta que no oí ningún ruido y cuando me dispuse a dar un paso y salir fuera de mi escondite, alguien me atrapo y con demasiada poca delicadeza me cogió en volandas y me tiro al suelo. Mi espalda fue a dar con el duro asfalto de la carretera y mis ojos inevitablemente se llenaron de lágrimas, no daba crédito a lo que veía. El mismo chico, el que estaba antes el suelo, el que habría apostado todo el dinero de mis padres a que estaba muerto, ese mismo, es el que me había cogido y ahora estaba tirada aquí tan inofensiva y frágil que me dio rabia, intente guiarme por esa rabia que se había apoderado de mí y me levante, mire a mi alrededor, buscando una salida pero por mi desgracia no encontré nada porque antes siquiera de que pudiera intentarlo alguien me cogió del cuello y se acerco a mi odio.
-          ¿Se puede saber de una puta vez quien eres?
-          Lo mismo me gustaría preguntarte – Le mire con todo el asco que pude y él me respondió sonriendo – Dejarme, por favor, no pienso contar nada a nadie.
-          Ojala fuera tan fácil, preciosa…
Trague saliva y lo mire a los ojos, unos ojos que me querían evitar. Dándome por rendida me mire los pies y  me encogí más de lo que estaba, abrazándome las piernas. Eso supongo que era el fin, esa sensación de darlo todo por perdido y de vacío en tu interior. Siempre me había imaginado que moriría vieja y sola en una casa llena de gatos pero esto era peor. No quería comerme la cabeza porque el chico que estaba muerto ahora me quería matar a mí. Quizás era inmortal caníbales y yo había descubierto su secreto. Sonreí irónicamente por lo patética que era mi explicación ante eso y volví a sonreír a darme cuenta que en este mismo instante solo estaba pensado en una persona y me acorde de sus labios sobre los míos. Si ahora lo veía más claro que antes, no nos habíamos estado dando el lote toda la noche solo había sido un simple beso, bueno supongo que eso, para él. Yo me intente aferra a ese recuerdo si iba a morir mejor rápido y pensando en lo mejor que me había pasado en toda mi vida. Me sorprendí a ver que no sacaban  ningún artilugio con el que despedazarme y en cambio un chico a que alguien de ellos, le había llamado Paul se acerco a mí, cada vez más y más cerca … primero sus ojos fueron a parar mis labios y luego un poco más abajo. Sentí el frio roce de sus labios en mi cuello cuando una voz que la conocía bastante bien le grito y lo aparto de un puñetazo.
-          ¿Pero que mierda te crees que haces, imbécil? – Busque sus ojos pero él me ignoraba por completo – dije que era mía, y es mas tu ya has comido antes.
Se me escapo un chillido, bastante patético y me intente levantar pero no tenía fuerzas y por fin llego el momento que había esperado en estas dos semanas, sus ojos se quedaron fijos en los míos y de pronto su mirada se volvió preocupada, tierna, llena de desesperación, de promesas; pero solo fue un segundo, tan rápido como apareció se esfumo, como si nunca hubiera existido y volvió a ser ese tipo malote con aires de insuficiencia… y me odie por estar tan enamorada de alguien como Daniel. De pronto sus brazos me agarraron por la cintura sin mucha delicadeza que digamos y me atrajo hacia él. Pero más que salvarme parecía estar enfadado por no haberles llamado antes de despedazarme. Quizás eran una panda de locos que mataban a gente por diversión.
-          Pero que dices tío, haber venido antes – El tal Paul parecía que  se había quedado con ganas.
-          ¡Eh! – dijo otro riendo – que lo decida ella.
Todos se volvieron hacia mí con los rostros sonrientes y divertidos.
-          Basta de tonterías, todos habéis almorzado menos yo… - Insistió Daniel, apretándome un poco mas contra él.
Y nadie dijo nada más, porque me cogió tan rápido que ni lo vi y empezó a correr de una manera sobrehumana y hasta que estuvimos suficientemente lejos de ellos y del instituto y nos acerquemos a lo que debía ser su casa… no me soltó. Reí irónicamente, al final había conseguido lo que quería, estar con él a solas y descubrir donde vivía.
Me dejo en las escaleras de su portal, pero no me soltó. No pude creer lo que hacía hasta que me atrajo hasta su pecho y paso los labios por mi cara, se acerco a mi oído y me susurro un ¿estás bien? Demasiado delicado. Negué con la cabeza y deslice suavemente mi cabeza entre su cuello y su clavícula. Era una sensación tan buena que apenas me di cuenta que estaba llorando como una cosaca todo el rato.
-          Shh… no pasa nada – murmuro abriendo la puerta de su casa, luego me dejo en el sofá de su casa y se sentó a lado de mi. Volvió a mirarme una vez más y luego suspiro - ¿Se puede saber que hacías espiándonos?
-          No crees que soy yo la que tendría que preguntarte unas cuantas cosas – respondí, hable bronca y seca - ¿Por qué estaba ese chico tirado… y… luego tan sano y … - volví a romper a llorar a recordar lo sucedido – me querían hacer daño, verdad? Yo no hecho nada malo, juro que no contare nada a nad…

-          Duérmete un rato, luego hablaremos.
Me tendió en el sofá y el hizo lo mismo. Me dolía todo, cada hueso y musculo, me dolían los ojos de tanto llorar y el miedo que había pasado no ayudaba pero lo que más me dolía era estar tan cerca de él y no poder tocarlo. Quizás era miedo al rechazo pero me dio igual, me acerque a él y puse mi cabeza sobre su pecho, cerré los ojos y espere a que el sueño o el cansancio se adueñara de mi….
-           ¡Vete! – es lo primero que oí cuando abrí los ojos – Tienes que irte ya a tu casa.
Estaba vuelto, por lo que no le pude ver la cara. Parecía histérico y me abrió la puerta para que saliera. Normalmente me hubiera sentido ofendida pero esto era muy distinto me quede hay plantada y negué con la cabeza.
-          Antes me has dicho que hablaríamos.
-          ¿Por qué lo tienes que llevar todo al límite? Te he dicho que te largues.
Volví a negar con la cabeza y esta vez me acerque a él, pero aun estaba de espalda. Lo cogí de la mano y me acerque a su oído:
-          Cuéntame lo que pasa… - mire hacia la ventana, había oscurecido.
-          Dana – se dio la vuelta y me enfrente a sus ojos verdes que ahora se habían vuelto completamente negros y aunque por fuera era igual que antes por dentro le estaba pasando algo, miro hacia la ventana y  coloco sus manos en mis mejillas – Es de noche, vete.
Cabezota como nunca lo había sido, volví a negar con la cabeza y me acerque a sus labios y un minuto antes de que sus labios encontraran los míos me murmuro.
-          Lo siento.
Le bese con tanta fuerza que un te quiero se hubiera quedado pequeño y luego lo acerque más, ansiosa por todo lo que podía darme, el me apretaba y me volvió a susurra lo siento antes de que sus labios bajaran hasta mi cuello y sintiera el frio roce de sus dientes. Luego sentí un dolor punzante y todo se volvió negro. Era el final del principio.

1 comentario:

  1. ¡AI MARTA! Me encanta :) Buf, esta historia me puso los pelos de punta, y me encantó ;) ¡La tienes que seguir! Un besazo enorme :'D

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